Dietista-Nutricionista en Lugo

Autor: Ricardo

  • Índice glucémico y carga glucémica

    Índice glucémico y carga glucémica

    Cuando hablamos de los hidratos de carbono, macronutriente esencial en la recuperación deportiva, la saciedad y el buen funcionamiento energético de cerebro y músculos, no sólo debemos fijarnos en la cantidad total de los mismos o en las calorías que nos aporten. Ni siquiera el contenido total de azúcares nos aporta un dato de cribado decente (sabemos que hay muchos tipos de hidratos de carbono simples/azúcares y algunos, como la fructosa, pueden servir de sustrato para que las bacterias que habitan nuestro intestino realicen sus funciones adecuadamente).

    Entonces, ¿en qué nos fijamos para decir si un hidrato de carbono es idóneo o no para un momento concreto del día?. Para resolver esta cuestión introducimos el concepto de ÍNDICE GLUCÉMICO. El índice glucémico es, ni más ni menos, indicativo de la velocidad a la que llegan a la sangre las moléculas de glucosa fruto de la digestión de los hidratos de carbono. Un bajo índice glucémico implica una llegada controlada de glucosa y, por tanto, un menor impacto en la secreción de insulina así como una disponibilidad de energía más duradera. Entre los factores que influyen en este índice está la FIBRA, EL GRADO DE COCCIÓN o la INTERACCIÓN con otros alimentos.

    Ejemplos de índice glucémico alto: miel, arroces no integrales, pasta no integral, dátiles, pasas, sandía, zanahoria, calabaza, plátano maduro…

    Ejemplos de índice glucémico moderado: kiwi, mango, muesli sin azúcar, arroz y pasta integral, higos secos, orejones,uvas, piña, copos de avena, plátano verde…

    Ejemplos de índice glucémico bajo: prácticamente todas las verduras salvo las dulces (zanahoria, calabaza), leche fresca, guisantes, sésamo o lino, frutos del bosque, fructosa o anacardos.

    De cara a la preparación de un entrenamiento, nos interesan alimentos de BAJO y MODERADO índice glucémico para antes del ejercicio físico y de ALTO índice para los momentos inter y post-entrenamiento.

    Pero este índice no  es del todo fiable, porque entonces habría frutas como el melón que no comeríamos muchas veces debido a su algo más elevado índice glucémico en comparación con la manzana, por ejemplo. En este caso también debemos revisar otro valor que es la CARGA GLUCÉMICA. Ésta es indicativa de la cantidad de hidratos de carbono que un alimento nos aporta en relación a su índice glucémico. Así, la carga glucémica del melón es significativamente menor que la de la sandía a pesar de que ésta tiene un mayor índice glucémico, por lo que podemos consumir una mayor cantidad de sandía para tener sobre la mesa las mismas calorías y moléculas de glucosa que la anterior. Otro caso similar sería el caso de los garbanzos frente a los guisantes, resultando en los guisantes en tener mayor índice glucémico, pero mucha menor carga glucémica.

    En nutrición deportiva se combinan estos dos valores en un cociente que después traducimos en las dietas según la prueba de la que se trate. Por supuesto, también puede ser utilizado en situaciones normales.

    Si queréis saber más sobre estas dos características podéis pedir tanto cita online como física en mis lugares de trabajo habitual.

    Espero que os haya gustado, que paséis buena tarde.

    «Melons» by Walt Stoneburner is licensed under CC BY 2.0

  • Lácteos e inflamación

    Lácteos e inflamación

    Sin duda un tema espinoso en esto de la nutrición y que genera mayor cantidad de preguntas al respecto es el de si la leche animal es mala. Se ha dicho de todo de ella, que si aumenta el % de grasa corporal, que si los humanos son los únicos seres vivos que la toman tras el amamantamiento, que no son recomendados para la curación adecuada de determinadas patologías, que producen inflamación… vale, eso está muy bien pero vamos a apoyarnos un poco en la ciencia. ¿Y qué dice la ciencia al respecto?. Primero de nada vamos a aclarar un concepto: no se puede sacar una conclusión sobre un alimento en base a un estudio en concreto, por muy bien hecho que esté. A veces, ni siquiera las propias revisiones son suficientes, pero tener en consideración un grupo amplio de estudios es mucho mejor que considerarlos por separado. Es ahí cuando podemos ver los puntos fuertes y débiles de unos estudios respecto a otros, ver qué se podría mejorar y otros aspectos que no me voy a parar a detallar.

    En el caso de los lácteos y sus subproductos (yogur, kéfir, etc…) me he encontrado con una revisión de artículos de Bordoni et al., 2015 (la cual podéis leer haciendo click en el hipertexto del nombre) muy interesante sobre el efecto inflamatorio de los mismos. En este estudio se tuvieron en cuenta 52 investigaciones de tipo ensayo clínico, provenientes tanto de instituciones públicas como privadas (para que luego no se diga que habían intereses espurios detrás) que reflejan un abanico de características diferentes. Esta revisión agrupa los resultados de las mismas según el estado del paciente (sano, con desórdenes metabólicos (obesidad, diabetes), con desórdenes gastrointestinales de tipo no alérgico, con hipersensibilidad a los productos lácteos pero sin intolerancia a la lactosa y otras enfermedades (entre las que se incluyen enfermedades de las articulaciones)); según el contenido graso de los productos (alto o bajo en grasa) o si los productos son fermentados o no. Hay otra serie de categorías, pero principalmente nos interesan estas por su relevancia.

    Esta revisión en concreto incluye un modelo de puntuación muy interesante para los estudios analizados en función de su relevancia, siendo el valor absoluto máximo 11, indicando que tiene relevancia clínica respecto al proceso inflamatorio. He dicho valor absoluto puesto que, bajo las directrices de este sistema, si el número es positivo (+) se verifica una actividad antiinflamatoria, mientras que si es negativo (–) se verifica una actividad proinflamatoria. Un ejemplo de este sistema de puntuación lo tenéis si pincháis en la pestaña «Supplemental» del artículo arriba expuesto o en este enlace.

    Los resultados de la revisión son doblemente interesantes:

    -Por un lado, en los estudios que incluían individuos sanos o con desórdenes metabólicos se evidenciaba una actividad antiinflamatoria muy significativa estadísticamente.

    -En  los individuos con hipersensibilidad la tendencia era significativamente proinflamatoria.

    -En el caso de personas con desórdenes gastrointestinales esta tendencia era también proinflamatoria pero muy leve, por lo que no era significativa (lo cual no quiere decir que no lo tengamos en cuenta, pero que no está del todo claro el efecto de los lácteos).

    -En el cuarto grupo, el de «otras enfermedades», el valor de puntuación inflamatorio no era distinto de 0, por lo que no se evidenciaba acción alguna pro o antiinflamatoria. Esto significa, entre otras cosas, que en el caso de enfermedades de las articulaciones o lesiones puntuales no habría por qué dejar de tomar lácteos.

    La conclusión más clara es que los lácteos tienen una actividad general antiinflamatoria salvo en casos de personas alérgicas a las proteínas de los productos lácteos, en cuyo caso parece que existe una  actividad proinflamatoria estadísticamente significativa (y que, además si pensamos un poco resulta lógica).  Buscando entre categorías también encontramos que los productos fermentados tienen una actividad antiinflamatoria más poderosa y que la actividad antiinflamatoria permanecía inalterada independientemente de si se trataba de productos altos o bajos en grasa.

    ¿Por qué hago este artículo?. Porque quiero que la gente se empiece a dar cuenta de que los lácteos no son alimentos que se deben prohibir. No al menos sin una razón convincente y todavía no existe consenso científico serio sobre los efectos sobre la inflamación de los mismos. De hecho aún se están empezando a conocer los mecanismos propios de la inflamación, por lo que quizás algo que pensamos que es proinflamatorio pueda no serlo en determinadas circunstancias y viceversa. Me ha gustado este artículo porque uno de los criterios que tiene en cuenta para desgranar los estudios es que tiene en cuenta para la puntuación la inclusión de no sólo uno sino varios biomarcadores de la inflamación a la vez (o al menos los que se piensa que podrían tener relación, ya que la autoridad competente todavía no ha decidido con exactitud qué elementos se deben de medir para definir un estado inflamatorio).

    Un problema que se deriva de la no toma de lácteos es la intolerancia adquirida a la lactosa. Los europeos expresamos en mucha más cantidad que otras poblaciones del mundo una enzima que se llama lactasa que interviene en la degradación de la lactosa. Tiene la particularidad de que si no consumimos lactosa durante algún tiempo pierde su actividad, deja de expresarse y por tanto nos hacemos intolerantes a la lactosa. Tal como les pasa a los asiáticos. Todo esto es fruto, quizás, de un mal consejo o una falta de información por parte del consumidor, pero dar la razón a alguien al cabo de un tiempo porque ya no toleramos los lácteos en el fondo es exclusivamente culpa nuestra, porque nos habremos cargado a la lactasa. Incluso con una deficiencia innata de lactasa, las leches y productos lácteos sin lactosa están ahí para que podamos echar mano de los nutrientes que tiene la leche.

    Por la vitamina D, la buena relación calcio-fósforo, su contenido en proteínas de alto valor biológico, y la capacidad para modular la flora bacteriana intestinal recomiendo encarecidamente no dejar de tomar lácteos porque sí. Al menos, que sea porque hay una patología seria detrás. Porque son más los beneficios que los contras. Y en menor medida pero no menos importante, la leche contiene unas partículas llamadas caseomorfinas que como indica su nombre tienen propiedades sedantes. ¿No has habéis preguntado nunca por qué tomamos leche antes de irnos a dormir?.

    ¿Queréis más?. Recientemente un estudio publicado en Nutrition Reviews de Moreno et al., 2015 (podéis leerla haciendo click), publicada por la Oxford University Press, lanzaba al aire la premisa de que el consumo elevado de leche y yogur promovía una menor grasa corporal, una disminución del riesgo cardiovascular y mejoras en el sistema cardiorrespiratorio. Aunque esto bien puede ser debido a los cambios en la flora bacteriana, cuestión que trataré en otro artículo distinto. Y lo bueno de esto es que lo afirmaban con ensayos clínicos aleatorizados. De 5 ensayos, 4 no mostraron efecto y 1 mostró la relación inversa estadísticamente significativa. Que no haya un sólo ensayo en contra es bastante positivo. Claro que, aún queda mucho, mucho trabajo y gran cantidad de estudios por hacer para afirmar esto último. Pero es un paso.

    Espero que os haya gustado la entrada. Para mí es algo complicado explicar una revisión o artículo científico de forma sencilla, pero también quiero que estéis informados de lo último.

    Sin más que decir me despido. Que paséis un buen día queridos lectores.

    «Milk Drop» by Chris Pelliccione is licensed under CC BY-ND 2.0

  • Frutos secos

    Frutos secos

    Me veo obligado a escribir este artículo ya no sólo para responder a la pregunta de un amigo, sino ya por refrescarme a mí mismo un poco la memoria. Ayer posteaba una mini entrada en la página de Facebook acerca de los beneficios de los cacahuetes y, a mi ver, parece que fue todo un éxito. Me alegra que os guste lo que escribo, realmente me anima a seguir investigando un poco más. La cuestión es que a raíz de esa entrada mi amigo me preguntaba acerca de los pistachos: qué diferencias había con los cacahuetes, si eran sanos… y creo que puedo darle una respuesta adecuada. He escogido 6 frutos secos que creo que son los más consumidos hoy en día y que tienen especial interés nutricional: cacahuetes, pistachos, nueces, anacardos, almendras , avellanas y pipas de girasol.

    Normalmente se tiene en consideración que determinados frutos secos se pueden intercambiar, siempre teniendo en cuenta su densidad energética y otros aspectos menores que al final repercuten en las cantidades a tomar. Después de darle vueltas al asunto, he aquí el resumen de mi investigación, pinchad en cada una de las diferentes pestañas para ir descubriendo la magia de la nutrición.

    Cacahuetes

    En el caso de los cacahuetes, ya lo había comentado en Facebook que son ricos en calcio, magnesio, fósforo y potasio, además de ser ricos en ácidos grasos monoinsaturados con una cuantía algo menor de poliinsaturados. En el caso de las monoinsaturadas tenemos el acido oleico como máximo exponente, que repercute positivamente a aumentar los niveles de colesterol HDL. Como ejemplo de poliinsaturados, el ácido linoleico, un omega-6 que interviene en la correcta respuesta inflamatoria en la dosis adecuada y en el desarrollo neuronal.  Los cacahuetes también resaltan por poseer un 20% de proteína vegetal por cada 100g. Además son pura fibra y aliviarán el estreñimiento más persistente. Búscalos si andas falto de vitamina E ,B3 (niacina) y ácido fólico.

    Pistachos

    Los pistachos son tremendamente parecidos en composición a los cacahuetes, con casi los mismos niveles de ácido oleico y araquidónico (Omega-6) aunque un poco más elevados en éste caso. El % de lípidos sigue desplazado en su mayoría a las grasas monoinsaturadas. Hasta destacan los mismos minerales, salvo el potasio y el calcio, que están aumentados en los pistachos respecto a los cacahuetes (en el caso de los pistachos es 3 veces superior el nivel de calcio), y el magnesio, que está algo disminuido. Las diferencias más claras radican en que son menos ricos en proteína (12%) y con algo más de carbohidratos que los cacahuetes (11%) y que son una buena fuente de hierro (7.2 mg por cada 100g cuando las recomendaciones diarias están en 12 mg para varones y 15 mg/día para mujeres. Desde luego, algo a tener muy en cuenta. Tiene unos niveles decentes de vitamina E y vitamina B6, responsable del buen funcionamiento del sistema inmunitario y que asociaréis rápidamente al Actimel de Danone (no, no era el L. casi immunitass el que ayudaba con esta función). Su contenido en fibra está a la par que el cacahuete y es de los más altos de los frutos secos.

    Nueces

    Vamos con las nueces. El suplemento natural más difundido en el mundo de la nutrición. El aporte de lípidos es BRUTAL en este caso (>90%) con un contenido modesto de proteína y carbohidratos. Principalmente las grasas están en forma poliinsaturada, con un contenido mayoritario en Omega-6, aunque también, en cantidades más anecdóticas, se encuentran el Omega-3 y el ácido oleico. Aparte del ácido fólico no hay mucho que destacar en cuanto a vitaminas, y en el apartado mineral es rico en calcio, fósforo y magensio a un nivel similar al de los cacahuetes. La mayor diferencia está en su enorme contenido en selenio. En cuanto al aporte de fibra es algo más moderado que los cacahuetes o pistachos, pero también es elevado.

    Anacardos

    Los anacardos son un tipo de fruto seco que se podría decir está de moda. Gusta más que los otros alimentos analizados por su sabor suave. A nivel de los macronutrientes, es menos rico en grasas que los otros (66%), pero mucho más rico en carbohidratos (23%)y podría ser interesante incluirlo como comida de recuperación tras un entrenamiento. En este caso copia las características del cacahuete y el pistacho, destacando en ácido oleico.  Destaca en vitamina E, potasio, magnesio, fósforo y… atención a la sorpresa. Si el nivel de selenio ya era bruto de por sí en la nuez, en este caso es mayor todavía (35 mg/100g por 19 mg que tenía la nuez. 

    Almendras

    La composición de la almendra es similar al de los cacahuetes y pistachos, destacando en ácido oleico y Omega-6. Tiene buen aporte de vitamina E y B3 (niacina). ¿Y qué podemos destacar de los minerales?. Pues el calcio y el magnesio. La cantidad de calcio por 100g es altísima, superando ampliamente a los pistachos.

    Avellanas

    La avellana tiene un contenido en grasa casi igual a la nuez (86%) y casi toda ella está en forma de ácidos grasos monoinsaturados (50%), destacando el ácido oleico. Tiene unos buenos niveles de vitamina E y B3, equiparables a los cacahuetes.  También tiene niveles interesantes de potasio y fósforo, aunque no es que destaquen precisamente. Llama la atención el alto nivel de selenio que, aunque no sea el fruto seco que más tiene, es destacable. Tiene el contenido energético más elevado por 100g (unas 630 Kcal cuando los otros se mueven entre 540 y 590 Kcal), lo que implica una densidad energética muy elevada.

    Pipas de girasol

    Llegando ya al final, decir que las semillas de girasol o «pipas» destacan en proteína a nivel exactamente igual al de los cacahuetes (20g por cada 100g de producto) y destaca en grasa poliinsaturada, concretamente en Omega-6.  Rica en vitamina E, B1  (tiamina) y B3. En cuanto a minerales, tiene las cantidades más altas de magnesio (390 mg/100g para las pipas y 250 mg para las almendras), mineral que contribuye a que la contractibilidad muscular se realice rápida y adecuadamente; y también tiene las más altas de fósoforo. En un segundo apartado destacan el calcio y  el potasio. Sus niveles de zinc también están por encima de la media (5.1 mg/100g cuando las recomendaciones diarias ascienden a 15 mg en varones y 12 mg en mujeres), ayudando al buen funcionamiento del sistema inmune.

    Y esto ha sido todo por hoy. Espero que os guste y por favor sentíos libres de comentar si os gusta, dar un like en Facebook o ponerme una carita sonriente. ¡Todo vale!.

    Para cualquier duda pormenorizada, os espero en consulta tanto en Sinerxia como en mi nuevo proyecto en Pesaúde (Ponteareas).

    Fuente: bedca.com

    «Frutos Secos» by Santi Villamarín is licensed under CC BY-ND 2.0

  • Balance del año, perspectiva de futuro

    Balance del año, perspectiva de futuro

    Buenas tardes a todos,

    A menudo el camino del dietista-nutricionista es arduo, intrincado y a veces provoca fatiga, fruto de la cantidad de viajes que uno debe hacer a lo largo de la semana y de compaginarlo con otras actividades. Es por ello que al profesional en cuestión le tiene que gustar lo que hace, cuestión que yo no discutiría en mi caso puesto que está claro que me encanta.

    Me encanta echar un vistazo atrás y ver a mis pacientes. Cómo han cambiado en aquellas semanas o meses en los que fuimos ajustando su dieta pormenorizadamente. Me gusta, sobre todo, ver la evolución de talentos tan sobrenaturales como el caso de Roi, joven promesa que seguro alcanzará Rio 2016.  Y si tengo que dar las gracias a algo o alguien en concreto se las tengo que dar a Iconica Sports y al equipo que ha estado detrás todo este tiempo, porque me han apoyado para que yo pueda crecer al nivel que estoy hoy en día, para dominar la profesión como la domino ahora y sentar las bases para mi desarrollo futuro. Sin duda ha sido una decisión difícil dejar mi lugar de trabajo para seguir compaginando mi trabajo con mi actividad formativa y mi vida diaria. Por todo ello, muchas gracias Iconica, os deseo el mayor de los éxitos y ojalá volvamos a coincidir en un futuro cercano; ha sido un verdadero placer.

    Es en este momento cuando para mí se abre una nueva etapa donde he comenzado a trabajar en una nueva clínica de fisioterapia y entrenamiento deportivo, Sinerxía, situada en Tui. Esta ciudad ha sido cuna de excelsos piragüistas y de su cantera proviene, entre otros, Roi y los nuevos piragüistas que he tenido el gusto de empezar a tratar y asesorar. Entre sus nombres están reconocidos deportistas como Iván Alonso (actual subcampeón del mundo de maratón en K1 y flamante ganador de la regata de Río Negro, en Argentina), Gabriel Campo y Rubén Millán (especialistas de K2-1000m que buscarán su billete olímpico este año) o el canoista José Luis Bouza, palista que disputó memorables mano a mano con David Cal en los 1000 y 500 metros, una leyenda viviente que fue un placer muy grato conocer.

    Es un futuro abierto donde todavía sigo atando cabos, pero que sin duda es apasionante. Os informaré de todo ello mientras vayan sucediendo los acontecimientos, pero de momento es todo lo que puedo adelantar.

    Muchas gracias a todos por vuestra confianza.

    «Shaking hands» by Melissa Wiese is licensed under CC BY 2.0

  • Oligoelementos

    Oligoelementos

    Dentro del papel de la nutrición respecto a la salud humana, es bien conocido por la sociedad en general la relevancia de los hidratos de carbono, proteínas y grasas (también llamados Macronutrientes) y en menor medida la de algunos elementos con una menor presencia pero igualmente importantes por su implicación como cofactores en las diversas reacciones metabólicas del organismo (micronutrientes) como pueden ser el magnesio o el calcio. Aún dentro de esta segunda categoría de nutrientes existe una subdivisión bien marcada, la constituída por los macroelementos, representados por el calcio, magnesio, fósforo, sodio, potasio, cloro y azufre, y la de los oligoelementos (“oligos” significa “poco” en griego, en referencia a su cantidad en el orgnismo), representados por el cromo, manganeso, yodo, flúor, zinc, hierro, cobalto y selenio.

    Estos oligoelementos permiten conformar un equilibrio adecuado en el sistema orgánico, y su variación en un estrecho margen fisiológico puede conllevar la aparición de determinadas patologías o toxicidades. Sin embargo, en pacientes deportistas, estos requerimientos están aumentados y así, su potencial suplementación adquiere especial interés como objeto de estudio para aumentar el rendimiento físico y la correcta utilización de los nutrientes primarios. Por supuesto, las cantidades recomendadas para deportistas aún están pendientes de evaluar, pero cabe esperar que sean un poco superiores a las de individuos que no practiquen el deporte de manera tan regular y específica.

    Aunque gran parte de esos oligoelementos forman parte del grupo de los metales, no hay que tenerles miedo. Las cantidades existentes en los alimentos, asi como las cantidades diarias recomendadas son del orden de miligramos o microgramos, por lo que la posibilidad de toxicidad con los mismos es remota, aunque siempre se debe de tener en cuenta.
    En la siguiente lista, podemos observar las diferentes funciones asociadas a estos oligoelementos y su rango fisiológico en el cuerpo humano. Conviene estar bien asesorado por un profesional de la Nutrición Humana y la Dietética antes de consumir suplementos de los mismos debido a lo anteriormente explicado, pero no cabe duda que en el futuro estas pequeñas dosis marcarán la diferencia entre distintos resultados a nivel de los atletas de rango élte.

    • El hierro (Fe) constituye mediante su unión a la hemoglobina de la sangre el puente que permite oxigenar las células. No sólo influye su concentración en sangre, sino el porcentaje que se une a la hemoglobina (saturación) y su presencia en depósitos específicos (ferritina). Si la unión es deficiente, de poco servirá que entrenemos en altura para producir más glóbulos rojos y por tanto más hemoglobina, pues no podremos transportar el oxígeno debidamente. Sus cantidades oscilan entre los 11 mg al día para los hombres y los 15 mg/día para las mujeres. Se aprovecha mucho mejor el hierro proveniente de las carnes, pero podemos mejorar la absorción del proveniente de los vegetales mediante la toma de vitamina C (frutas cítricas).
    • El zinc (Zn) es el oligomineral con mayor presencia en el organismo tras el hierro. Su función principal radica en mantener en buen estado el sistema inmune, pero también funciona como antioxidante y cofactor en la síntesis de ADN y proteínas así como en el correcto metabolismo de los carbohidratos. La carne, pescado, las nueces o la levadura son buenas fuentes de este mineral, cuya cantidad recomendada está entre los 9 mg/día para las mujeres adultas y los 11 mg/día para los hombres.
    • El cromo (Cr) interviene en la correcta metabolización de los hidratos de carbono, tanto simples como complejos, de cara a proporcionar energía de manera más eficiente. También tiene un papel relevante en el metabolismo de las grasas, pues interviene en la síntesis de ácidos grasos y colesterol. En los últimos tiempos se viene trabajando con él puesto que aparentemente podría mejorar la sensibilidad a la insulina, pero está en estudio. La levadura, verduras de hoja verde o aceites vegetales contienen cromo en buenas cantidades y su cantidad recomendada está entre 25 y 35 microgramos/día.
    • El yodo (I) posibilita el buen funcionamiento de la glándula tiroides, responsable a su vez de que tengamos un metabolismo mas “rápido” o más “lento”, repercutiendo en el gasto de energía en reposo y en a utilización de nutrientes. Interviene también en la liberación de la hormona del crecimiento y en el desarrollo del cerebro y los huesos. El yodo lo podemos encontrar en productos del mar, pescados o en la sal yodada y se recomiendan al menos 150 microgramos/día para evitar la enfermedad del bocio.
    • En cuanto al cobre (Cu), su función radica en mantener estable el sistema inmune y también en potenciar la síntesis de glóbulos rojos, lo que evita la aparición de anemias no dependientes del hierro. Las legumbres o los cereales integrales lo contienen y se debe consumir del orden de 900 microgramos/día.
    • El selenio (Se) ha cobrado importancia en los últimos tiempos como mecanismo de defensa antioxidante y estimulante del sistema inmune. Muchos alimentos enriquecidos lo pueden contener como, por ejemplo, la leche de vaca, pero también lo encontramos en vegetales, marisco o levadura sobre todo. 55 microgramos al día.
    • Flúor (F). Actúa como antimicrobiano y bacteriostático, de ahí su uso en pastas de dientes, sin embargo también facilita la formación de hueso y contribuye a su dureza. 3-4 mg/día. Se encuentra en té, pescado o espinacas (o en la misma agua del grifo, que viene fluorada).
    • El cobalto (Co) es el átomo central de la vitamina B12 y por tanto es vital que esté en cantidades adecuadas para que ésta realice su función: la síntesis de los glóbulos rojos de la sangre. No hay definidos unos niveles adecuados del mismo, pero podemos encontrarlo en carnes, pescados, lácteos o legumbres y con una alimentación equilibrada no tendremos problema en satisfacer las necesidades de este elemento.
    • El manganeso (Mn) interviene en el correcto metabolismo de las grasas a través de las enzimas correspondientes y favorece la correcta absorción de las vitaminas C, B1 y B8. Se encuentra en pescados, mariscos o cereales integrales; se necesitan sobre 2 mg/día.

    Si deseas saber cómo puedes obtener un estado óptimo de nutrición a este nivel (o si deseas saber más), contacta conmigo y veremos tu caso en consulta paso por paso.

    «Micronutrients for One Week» by Sean Michael Ragan is licensed under CC BY 2.0

  • Sobre grasas y efectos (II)

    Sobre grasas y efectos (II)

    De nuevo os traigo una nueva actualización sobre un componente nutricional muy de actualidad; esta vez se trata de la grasa de palma.

    Este tipo de grasa se obtiene de los frutos de la palma africana (Elaeis guineensis )y la variante Elaeis oleífera, o palma americana.

    La grasa o aceite de palma no es saturada en su composición íntegra, sino que se subdivide en tres vertientes: un 50% es saturada, representada por el ácido graso palmítico, de cadena larga y, por tanto, más difícil de utilizar por la célula para su combustión. Por otro lado, entre un 37-47% se encontrarían los ácidos grasos monoinsaturados (representados por el ácido oleico, el del aceite de oliva de toda la vida) cuyas repercusiones beneficiosas sobre la salud hemos discutido en un post anterior; y por último, tenemos sobre un 10% de ácidos grasos poliinsaturados. Son los ácidos grasos saturados los que le otorgan un elevado punto de fusión a esta grasa vegetal, que aumenta aún más con tratamientos de interesterificación (proceso mediado por enzimas, para uso industrial) para equipararse al nivel de la manteca de cerdo, y que se mantiene sólida a temperatura ambiente. Esto último lo podemos corroborar con los datos obtenidos de la revista Grasas y Aceites, perteneciente al CSIC.

    Esta grasa es utilizada por la industria en gran variedad de productos para sustituír la grasa trans debido a sus propiedades estabilizadoras frente al calor, conservadoras y suavizadoras de textura. A diferencia de la trans, no eleva los niveles de triglicéridos ni disminuye el colesterol bueno o HDL. Aunque, debido a su mayoritaria composición en grasa saturada cabe esperar que eleve los LDL irremediablemente y en nuestras arterias se empiecen a acumular capas de grasa bajo el endotelio de los vasos sanguíneos cuyo proceso acaba en la enfermedad aterosclerótica si se consume a menudo.

    No todo es malo en esta grasa, si nos paramos a pensar en frío evidentemente era peor la grasa trans, obtenida por transesterificación (en el cual se aplican ciclos de diferentes temperaturas a la grasa). Además, este tipo de grasa aporta carotenos (2/3 β-carotenos, que le otorgan su característico color rojo) y vitamina E, de carácter antioxidante relativamente importante, como otros aceites vegetales.

    No hay a día de hoy un nivel fijado de consumo de grasas saturadas: los nutricionistas sabemos que debemos intentar mantener un equilibrio favoreciendo más a las grasas mono y poliinsaturadas para favorecer la salud cardiovascular. Es por eso que, como en grasas saturadas podemos irnos por los cerros de Úbeda relativamente fácil, debemos limitar su consumo en lo posible. También depende del tipo de cadena que posea el ácido graso saturado: un ejemplo de ello es la grasa de Coco, que en un 90% es grasa saturada pero de cadena media (ACM), que parece ser que ingresan en la mitocondria celular con más facilidad, permitiendo así obtener una fuente de energía relativamente rápida y apta para determinados deportes de resistencia. Desgraciadamente la de palma contiene ácidos grasos saturados de cadena larga y preferentemente opta por el almacenamiento en vez de por la combustión.

    Los productos donde se suele utilizar nos los resume la OCU en su artículo específico sobre el tema, pero resumiendo a nivel alimentario se encuentra en productos para picar, bollería, precocinados varios, patatas fritas y aperitivos fritos, cremas o mantequillas/margarinas.

    ¡Ojo!. La grasa saturada interviene en una serie de procesos como la regulación de la vía de las hormonas esteroideas (más info). Dicho de una manera más sencilla, regula nuestros procesos sexuales, entre otras diversas funciones. Aunque no se necesita una cantidad ingente de ella para que esto suceda.

    Así, resumiendo, no toda la grasa saturada es mala, pero debemos limitarla porque tener de manera aislada un tipo de grasa en concreto es difícil, suelen ir mezcladas en los alimentos como “grasa saturada total” y ante la duda, mejor prevenir. Si de vez en cuando tienes que tomar algún producto que contenga esta grasa, no tiene que ser perjudicial para ti siempre que lleves una alimentación equilibrada en el marco de un estilo de vida saludable con una rutina adecuada de ejercicio físico.

    Para más información, la página del EUFIC (Concilio Informativo Europeo sobre Alimentos) resume muy bien algunos aspectos a tener en cuenta de esta grasa. Además, si queréis saber su composición más o menos exacta, en este enlace a la base de datos nutricional BEDCA os será muy útil.

    «Leaves, grass-81-049 – elaeis guineensis» by  artvintage1800s.etsy.com is licensed by Public Domain Mark 1.0

Resumen de privacidad
Ricardo Estévez

Esta web utiliza cookies para que podamos ofrecerte la mejor experiencia de usuario posible. La información de las cookies se almacena en tu navegador y realiza funciones tales como reconocerte cuando vuelves a nuestra web o ayudar a nuestro equipo a comprender qué secciones de la web encuentras más interesantes y útiles.

Cookies estrictamente necesarias

Las cookies estrictamente necesarias tiene que activarse siempre para que podamos guardar tus preferencias de ajustes de cookies.

Cookies de terceros

Esta web utiliza Google Analytics y Pixel de Facebook para recopilar información anónima tal como el número de visitantes del sitio, o las páginas más populares.

Dejar esta cookie activa nos permite mejorar nuestra web.